“Reducir las clases no es una solución educativa. Es una medida desesperada de un sistema que nunca pensó en la neurodiversidad.”
Y sí, lo voy a decir claro:
para muchos adultos esto puede sonar como “vacaciones adelantadas”… pero para miles de familias con hijos neurodivergentes esto puede convertirse en una crisis silenciosa.
Porque mientras algunos celebran salir antes por el calor o el mundial, hay niños autistas que NECESITAN estructura para funcionar.
La rutina no es un capricho.
La previsibilidad regula su sistema nervioso.
Cuando un niño con autismo pierde de golpe:
horarios,
apoyos escolares,
terapias,
estructura,
interacción social,
anticipación visual,
su conducta cambia.
Y luego vienen las frases de siempre:
“se puso más irritable”,
“retrocedió”,
“ya no quiere trabajar”,
“volvió a hacer crisis”,
“duerme mal”,
“aumentaron las estereotipias”.
Claro.
Porque el cerebro neurodivergente muchas veces no vive los cambios como “descanso”.
Los vive como desorganización neurológica.
Y ahora pensemos en los niños con TDAH.
¿De verdad alguien pensó lo que significa tener a un niño hiperactivo, impulsivo y con necesidad constante de movimiento encerrado MÁS tiempo en casa, muchas veces con pantallas todo el día porque los padres trabajan?
Porque también hay que hablar de eso:
los papás están agotados.
Hay familias donde:
ambos trabajan,
no hay red de apoyo,
pagan terapias,
pagan escuela,
pagan sombra, ventiladores y regulaciones sensoriales que el sistema nunca garantiza.
Y ahora además tendrán que resolver semanas extra de cuidado infantil disfrazadas de “vacaciones”.
México sigue tomando decisiones educativas SIN escuchar a especialistas en neurodesarrollo, salud mental infantil y educación inclusiva.
El problema no es solamente acortar clases.
El problema es que jamás se diseñaron escuelas adaptadas al clima, ni aulas sensorialmente reguladas, ni programas flexibles reales para neurodiversidad.
Entonces el mensaje termina siendo:
“como no podemos garantizar condiciones dignas… mejor suspendemos”.
Y eso tendrá consecuencias.
Porque el rezago educativo NO impacta igual a todos los niños.
El neurotípico quizá se adapta más rápido.
Pero muchos niños autistas requieren repetición, constancia y estructura sostenida para consolidar aprendizajes.
Cada interrupción grande implica volver a empezar.
Y después, en agosto, las escuelas exigirán:
atención,
regulación,
adaptación,
rendimiento académico,
como si el cerebro infantil fuera un botón que se apaga y se prende.
La inclusión educativa no se demuestra poniendo un listón azul en abril.
Se demuestra pensando políticas públicas que contemplen cómo aprenden, se regulan y viven los niños neurodivergentes TODO el año.
Autor. Psicóloga Eri Carrasco
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